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HOMENAJE A LA MEMORIA DE VÍCTOR JULIO QUICANO

Por: Diego Quicano​

​Déjenme comenzar con la definición de dos términos, identidad e idiosincrasia: Identidad en términos generales es aquel "código" que permite diferenciar un individuo o grupo de individuos de los demás, por particularidades únicas que sólo pertenecen a ese grupo o individuo. La idiosincrasia, aunque es un término que tiene una cercana similitud, describe de manera más específica al ser comportamental, sus actitudes, carácter o temperamento, más bien marcados en la acción ante determinado evento.

Fusagasugá Ciudad jardín de Colombia, sostiene una identidad, toda identidad nace no sólo de las costumbres de la comunidad que la conforman, la contribución de grandes personajes presenta la oportunidad por la que tal identidad resuena en la eternidad. Así como nos pasó hace años cuando un joven bautizado cómo el jardinerito de un pueblo “desconocido”, por medio de una hazaña deportiva pusiera en el radar de muchos despistados, el nombre de nuestro Municipio. 

Me parece un gran ejemplo para comenzar, pues son los seres (hombres y mujeres) con su ingenio, capaces de crear símbolos, códigos, obras, que, gracias a su idiosincrasia y capacidad, generan esa identidad, aquella identidad cultural y ancestral tan trascendental en la humanidad, pues es de las pocas armas efectivas que soportarán a través de la historia, un legado digno de recordar.

Yo tengo otra historia para contar y lo hago a través de la escritura, fundamento artístico que el humano seguramente desde su concepción se inventó, al ver la imperiosa necesidad de transmitir un conocimiento o una visión del mundo a otros; la forma cómo lo interpretaba su espíritu y por qué no, siguiendo esta línea poética, su corazón. 

Esta es la historia de un gran fusagasugueño, un hombre de gran respeto y trayectoria periodística, no sólo por ser el Periodista más longevo que a la fecha de hoy ha tenido el municipio de Fusagasugá; siempre se mantuvo en vigencia hasta el último día de su existencia, enlazado al propósito de servir a su pueblo con tenacidad y valor, cómo Gaitán lo hacía y quien incluso era uno de sus personajes más emblemáticos y a quien admiraba.

Todo elogio, condecoración, homenaje y reconocimiento le fue logrado, no sólo por un trabajo incansable a su devota dedicación periodísticas, también por su carácter, y el carácter es lo que diferencia a unos de otros. Su particular forma de hacer control político y ciudadano, con el fin de proteger y resguardar todo lo que representaba y podría representar un baluarte histórico para un pueblo que empezaba a escribir su historia, fue una de sus banderas. Este pueblo que tiempo atrás era más bien conocido por su producciones cafeteras y paraíso de descanso de Presidentes y Expresidentes, empezaba a recibir a más y más foráneos, recursos, donde muchos maquinaban maneras y formas de enriquecerse sin importarles este terruño o sus habitantes, y es aquí donde un Periodista cómo Víctor se hace importante para la comunidad, cualquier comunidad.

El reconocimiento de Víctor Quicano alcanzó todo su esplendor gracias a su emblemático periódico Antena del Sumapaz (de entrada, un fantástico nombre que lo podría decir todo sobre su amor a la región). Fundado en 1978, fue un medio de comunicación impreso con ediciones ininterrumpidas hasta noviembre de 2020, pues sólo los achaques de salud del ciclo contundente de la vida misma, fueron los únicos capaces de frenar su diario, y el cual nosotros cómo su familia, esperamos continuar próximamente, para que este baluarte histórico de más de 450 ediciones, pueda mantenerse vigente. 

Antena del Sumapaz nació luego de su amplio recorrido profesional, en el que se fue abriendo paso a través de cubrimientos radiales, donde fue destacando su trabajo, empeño y amor por su tierra; de esta forma fue adquiriendo su prestigio.

Empecinado en su crítica manera de ver las injusticias y denunciarlas, fue buscando la forma de distanciarse a los medios convencionales en los que trabajó, pues en su temperamental forma de pensar y decir las cosas, veía la necesidad de crear su propia identidad, su sello de garantía y sin temor, develar a sus compatriotas noticias que no todos se atrevían a escribir para esa época. Con particulares segmentos cómo "barbaridades" (de ahí el nombre de “barbarita”), ideo la forma de contar las cosas cómo se debían contar y defender lo suyo de pillos y foráneos que no apreciaban esta la que siempre será su tierra, su “Jardín de Teodorito”.

Precursor del desfile del ladrillo junto al Profesor Abel Ramírez Espinosa y Héctor Cubillos (q. e. p. d. y a quienes también tendríamos mucho que agradecer), con quienes idearon la manera, mediante una convocante movilización de cientos de personas, que, con ladrillo en mano, pusieron los cimientos de lo que hoy se conoce cómo el estadio de Fusagasugá. Gran amigo (compadre) de Gustavo Mejía, honorable ciudadano y Rector del Colegio Santo Domingo Savio, con quienes gestionaron y realizaron grandes obras en favor del Municipio.

Él, mi abuelo Víctor Julio Quicano murió este 9 de marzo de 2021 a los 83 años de edad, y se fue así, sin tantas arandelas ni homenajes a pesar de los tantos años que le dedicó a su Municipio (aunque así lo hubiera querido él), también por azares del destino que, en épocas pandémicas, no es mucho lo que a muchos nos ha permitido hacer. Este simbólico escrito lo dedico a su memoria, a su trabajo y su sentido de pertenencia, su fuerza incansable guiada por su idiosincrasia que, por muchos años, defendió a su modo, la identidad fusagasugueña.

Antes de finalizar permítanme agradecer al Alcalde de Fusagasugá Jairo Hortúa, no sólo por recibirme, si no por darme la oportunidad de tener un espacio para escribir; además de comprender tan bien cómo yo, que necesitamos cómo fusagasugueños entender los legados históricos de grandes personajes que han pasado por nuestro Municipio, pero no sólo para reconocerlos y olvidarlos. Siempre será un deber cívico honrar la memoria de los “diferentes”, aquellos incansables que lucharon más que por un pago o un prestigio, por algo más grande y loable que son sus ideales, porque el honor y el carácter no se negocian decía muchas veces Víctor.

Fusagasugá atraviesa creo yo, por un equivocado sentido de identidad, yo cómo muchos jóvenes, desconocemos lo que nuestros padres y abuelos conocían a la perfección de nuestro municipio, sus vertientes, desembocaduras, dimensiones, historia, cultura. Este es un Municipio que crece a pasos agigantados en infraestructura, entretenimiento, pero muy poco en cultura. Las sociedades siempre necesitarán más que banderas y colores para convencerse de hacer más allá del deber, nuestra ausencia al sentido de pertenencia nos nubla el juicio y, por algún tiempo, hemos dejado perder barrios fecundos de músicos como lo era el Olaya, ahora reemplazados por comercio poco organizado que atrae la delincuencia.

Cómo mi abuelo Víctor Quicano, estoy seguro habrán existido y existen otros grandes fusagasugueños que han defendido nuestra cultura e identidad, detalles no menores, porque que quien pierde su cultura, pierde su identidad y quien pierde su identidad, condena a su sociedad a desaparecerá, cómo ha sucedido centenares de veces en otras culturas, y por eso la importancia de abrir los ojos pero también la mente, sentir y enaltecer a todas aquellas personas que en aras de hacer lo correcto, nos dieron mucho a tantos, por tan poco.

Agradezco la vida de Víctor Julio Quicano, su obra y dedicación por Fusagasugá, su amor por esta tierra, pero, sobre todo, su sentido de pertenencia por el cual logró crear uno de los periódicos más respetables de la región del Sumapaz.

Espero amable lector, comparta conmigo más allá de la conexión familiar que siento por mi abuelo, su legado el cual me atreví a resumir en este corto texto. 

Escribo, no sólo por amor a mi abuelo, sentí una obligación moral de hacer algo, por más irrelevante que pueda ser, algo; algo que tal vez represente en cualquiera que en este momento lea mi mensaje, una conexión armónica y simbólica, que contagie e impulse a conocer más sobre la historia fusagasugueña, y darle el lugar que se merece, de esta forma podremos garantizar que quien venga o quien se vaya, se lleve en la cabeza lo que es Fusagasugá, lo que significa y lo que puede llegar a ser. 

Irónicamente a mí me tomó 30 años entenderlo y luego de reniegos e insensateces, me decido a hacer esto por él, pero también porque siento que a través de la historia de Víctor Quicano, uno de los pocos Periodistas nacidos en Fusagasugá y reconocidos en todo nuestro País, se puede generar algo más importante en todos nosotros ¿no lo creen ustedes también?

Termino este artículo con una de sus frases célebres, hecho característico de todo escritor dotado de una filosofía contundente, donde cerraba cada entrevista, sección o segmento diciendo… "Nada más, pero tampoco nada menos"











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